La muchacha de al interior
Con afecto para Alberto Casas, W Radio Bogotá
Cuando los números de teléfono de Bogotá no superaban las tres cifras, y aún unos 20 años después cuando apenas llegaban a cinco, las que hace algún tiempo se reconocían como empleadas del servicio doméstico y más recientemente solamente como empleadas, eran de diferentes categorías, de diversas especializaciones; y no por que fueran de diferente calidad de servicio, sino por el tipo de tarea al que se aplicaban.
Había, que yo recuerde, al menos en algunas casas, la de la cocina, expresamente dedicada a cocinar y que vivía en la casa con sus patronos; la planchadora, que iba ocasionalmente a eso: a planchar( incluso a algunas casas más pudientes iba la planchadora de camisas, mantelería y de vestidos de paño; la viruteadora, encargada, cuando no había los pisos de madera lacada de hoy, de echar viruta con los pies, echaba cera a los pisos y ,finalmente, los brillaba; y la encargada de hacer aseo de baños, de tender las camas, recoger la ropa sucia, de limpiar el polvo de los muebles etc ., a la que se denominaba muchacha de adentro.
En la lógica que siempre ha tenido el idioma, particularmente el nuestro en Colombia- aunque esta de adentro tenía también que hacer los mandados, las compras en la tienda de la esquina, se la llamaba muchacha de adentro( dentrera o dentrodera la llamaban en Antioquia*), porque a pesar de que no cocinaba vivía dentro de la casa, con la familia, junto con la de la cocina; vivía dentro de la casa.
Era pues la muchacha de adentro: nunca muchacha de al interior.
*Tobón Betancourt, Julio, “Colombianismos·, pag. 100, Publicaciones de la Academia Colombiana(de la Lengua), Bogotá, 1953
Lac 204, 28 de abril de 2004
lunes, 10 de diciembre de 2007
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